Espectáculos

Thelma Fardin: «El desafío fue encarnar a Anaïs Nin sin juzgarla»

Thelma Fardin acaba de llegar de España. Fue por primera vez al Festival de San Sebastián, a presentar La estrella roja y cubrir el evento para Radio Nacional. En un tranquilo bar de Núñez sucede esta nota. Pide un latte y come unos huevos revueltos. El agitado itinerario del día continúa con el ensayo de una obra que la tiene de lo más entusiasmada. ANAÏS, El deseo consumado, de Lázaro Droznes y dirigida por Virginia Lombardo, estrena hoy viernes en Border Comunidad de Arte y explora las relaciones amorosas y la vida literaria de Anaïs Nin, una de las precursoras de la emancipación sexual femenina.

Fardin encarna a la escritora que reflejó sus experiencias en diarios íntimos varias veces editados. Casada con Hugh Guiler, mantuvo relaciones sexuales con diversas personas, entre ellas su primo Eduardo Sánchez, el escritor Henry Miller, su mujer June Mansfield, sus dos analistas, René Allendy y Otto Rank, Antonin Artaud, y finalmente con su propio padre Joaquín Nin. En la última etapa de su vida sostuvo simultáneamente dos matrimonios legales. Aparte del que tenía con Guiler, otro con Rupert Pole. 

El estreno sucede en la previa de que se reanude en Brasil el juicio a Juan Darthés por abuso sexual (ver abajo). «Me da mucha felicidad de que este hecho me encuentre haciendo lo que amo. Es un proceso que no veo la hora de que termine pero le voy a poner hasta las últimas consecuencias», expresa Fardin. «Se nos ha querido contar que si te pasaba algo así ya estabas rota para siempre. Pero no sólo no tenemos vergüenza de contar que nos hicieron daño, sino que además se puede seguir disfrutando, haciendo lo que se ama, conectando con el deseo y el disfrute. Eso no nos lo arrancan más.»

Para ella, volver al teatro después de la pandemia es «fuerte». Antes del avance de la Covid estaba trabajando en Fuera de línea y Nahuelito. «Este estreno va a estar cargado con la presión de sentir si el cuerpo sigue estando aceitado», dice. El elenco lo completan Julián Belleggia, Esteban Coletti, Fiorella Camji, Emiliano Diaz y Alfredo Martín. Las dos funciones de septiembre son a las 20; a partir de octubre el horario es las 22. «Toda la historia de un modo u otro se vio reflejada en el teatro. Es el lugar para entender a las sociedades y la humanidad. Esta época permite que se trabaje un material como ANAÏS. En otro momento hubiera sido demasiado disruptivo. Ella lo era», define Fardin.

-Tenés experiencia en cine, sos popular por tu trabajo en la tele… ¿Qué lugar ocupa el teatro en tu vida?

-Laburo desde los 6 años. De chica hice teatro comercial en la calle Corrientes, tele y cine. A mis 18 tomé la decisión de meterme en el teatro independiente. A esa edad la mayoría de las personas elige su carrera. Yo la había elegido hacía mucho tiempo, pero elegí qué tipo de carrera quería. Me había ido a vivir a Uruguay, a hacer una novela. Me acuerdo de las charlas que tuve con compañeros y compañeras que venían del palo del teatro. Me obsesionaba la idea de construirme como una actriz en toda su dimensión. Mi mayor capacidad es que tengo mucho oficio. El desafío estaba en bancarme cosas más experimentales, perderme en vez de resolver. Sentía que eso me lo podía dar el teatro independiente. Además de actuar, he hecho muchas asistencias de dirección. Esto es lo que más viva me mantiene como actriz. Salirme de los otros lugares comunes, que amo también. Es el lugar donde siento más vértigo. El único en que estoy por salir al escenario y pienso «¿quién me mandó a hacer esto?». 

-¿Qué muestra la obra sobre Anaïs Nin?

-Fue una mujer disruptiva para su época. Tenía dos matrimonios en paralelo, los dos legales. Si nos resulta fuerte hoy, en ese momento… Una mina que vivió los ’30, los ’40. En París, que estudió en La Sorbona. Era una intelectual y pertenecía a ese mundo, pero era muy irreverente. Se hizo dueña de su historia pero de repente también expuso a mucha gente. Era controversial. Es verdad que para (hablar sobre) muchos esperó a que fallecieran, pero no dejan de ser fuerte sus decisiones. En esta obra el desafío más grande es contar a alguien que quiere concretar sus deseos peleando todo el tiempo por que la mirada ajena no la coarte o adoctrine. Igual, admito que yo misma leyéndola me escandalizo un poco, a pesar de tener la cabeza muy abierta, y de que corrió mucha agua bajo el puente entre su momento de vida y la actualidad. Me parecía divertido el desafío de encarnar a alguien sin juzgarla. Siempre es el chiste. Todas sus decisiones fueron muy fuertes: incesto con su padre, encuentros amorosos y sexuales con mucha gente, matrimonios en simultáneo… 

-¿Qué aspectos te interesa resaltar de ella desde la actuación?

-Otro desafío era construir a alguien que genera en todas las personas que se cruza una atracción muy fuerte. Tiene que ser muy magnética pero sin caer en el lugar común de «estoy buscando hacerlo». Salir de la construcción histórica de que la mujer que está con muchas personas se puede construir solo desde la femme fatale. Es alguien tan permeable al mundo que termina siendo muy magnética. Tiene que tener esa energía pero sin buscarlo, es inherente a ella. Sin quererlo, siempre termina siendo el centro de atención y enamorando. Otro de los temas del texto es la crueldad: cuánto sufrió la crueldad de su padre. Y ella fue alguien con gran incapacidad para la crueldad. Hay una ironía ahí: si la miramos con los ojos de la moral, ella fue un poco cruel. No porque lo hiciera a propósito para lastimar a nadie, pero estaba muy conectada con lo que ella quería. Se priorizaba mucho. Puede haber sido un poco egoísta. Se plantaba mucho desde otro lugar de época: «Quiero para mí lo mismo que los hombres quieren para ellos». Yo no veo la vida así. Hay libertades que tienen los tipos desde el lugar de construcción social e histórica que no me interesan. Me interesa construir otras nuevas, más piolas. Nosotras queremos algo nuevo, mejor, más sano para todos y todas.

La obra puede verse los viernes. Foto: Nicolás Martínez Gomez

-Los vínculos sexo-afectivos son un gran tema de época. El amor y el sexo son tópicos universales pero hoy dan vueltas muchas preguntas, ¿no?

-La generación de los 30 -yo estoy por cumplirlos- somos la bisagra. Estamos muy perdidos. Por eso creo que la bandera más fuerte es lo que decía. La responsabilidad afectiva, cuidar al otro, es lo importante, en el medio de encontrar de qué manera nos queremos vincular. Esta obra conecta con eso y con algo que nos preguntamos históricamente: cómo resolver el conflicto con el padre y la madre. Qué hacemos, dónde nos ponemos, cómo hacemos para «matarlos» y desarrollarnos con libertad, qué herida nos hace vincularnos con el mundo de tal o cual manera. Ella resolvió de un modo que a mí no se me cruzaría por la cabeza, creo que tampoco a la mayoría de las personas, y eso va a generar incomodidad. Me da mucha intriga lo que va a pasar con la gente. Fue muy complejo abordar la escena del incesto con el padre. No podía aprenderme la letra. Por el oficio suelo agarrar texto muy rápido. Con esa escena no podía. Tenía negación y rechazo. Es una decisión que tomó ella a sus 35 años, pero para mí hubo una construcción, que la obra deja ver, que es que probablemente tuvo una relación abusiva de pequeña con este padre, que además la abandonó, no lo vio nunca más. Ese no verlo nunca más es lo que generó que ella empezara a escribir. Escribía para encontrar a su papá en esas páginas.

-¿Qué impacto sentiste del feminismo en la ficción, en términos de roles, personajes, construcción de sentido?

-Cuando canto, escribo mis canciones; cuando escribo escribo, mis poesías; mi libro autobiográfico es mi historia. Como actriz hay toda una responsabilidad respecto de cómo pienso, pero a la vez la que habla no soy yo. Le pongo el cuerpo a alguien que habla de un modo con el que puedo estar de acuerdo o no. Tuve muchas acotaciones respecto de cómo estaba escrita la obra y qué cosas había que contar de esta mujer, que sin dudas tiene que ver con que siento mucha responsabilidad a la hora de dar mensajes y más atravesándolos por una perspectiva de género. No quiere decir que no se cuenten estas historias probablemente plagadas de estereotipos patriarcales. Porque estás contando algo de época, sería ridículo contar la época sin contar ese contexto. El único lugar en el que me permito contar todo, incluso cosas con las que no estoy de acuerdo, es como actriz. Anaïs tuvo un aborto y me parecía que si hacíamos una obra sobre su manera de vincularse amorosamente teníamos que ocuparnos de contar bien eso, que no podíamos ser pretenciosos y contar todo el arco de su vida. Meternos con el aborto merecería otra obra en la que hablemos de eso con responsabilidad y cuidado. 

-Hace poco interpretaste a Evita, en una función en el Congreso por el aniversario. En La estrella roja encarnaste a una espía. Ahora, a Anaïs Nib… Carolina Papaleo te señaló en una entrevista que había un correlato entre estos papeles y tu historia y el lugar que ocupás públicamente.

-No era algo que hubiera pensado. El análisis de Carolina me reveló algo que me resuena. El chiste como actores y actrices es que podemos ser capaces de hacer todo, y no necesariamente por haber atravesado ciertas cosas. No sé si el que hizo el casting pensaba en mí automáticamente cuando pensaba en una mujer poderosa. Y hoy por ahí soy alguien que aparece en su abanico, porque tengo un liderazgo en un sentido que antes no. Nunca fue adrede esa construcción: yo pensé que me estaba inmolando de una manera que casi no iba a tener retorno y que me iba a dejar en un lugar más vulnerable. Es un lugar difícil el que me quedó, pero a la vez tiene mucho poder. Es muy nuevo para mí. Nunca soñé con ser referente de nada. Y de pronto me toca un tema que inevitablemente requiere ser muy responsable del mensaje, por lo que se generó en la gente como identificación. Algo de eso comprendí siempre porque ser actriz me dio ese lugar. Que la gente se sintiera identificada con historias o programas re populares, como Patito. Después me convertí en referente por la identificación que se generó. Y en un casting puede jugar a favor o en contra. Podría haber encarado mujeres fuertes sin lo que hice públicamente. Pero entiendo perfecto que se genere en el imaginario algo más concreto a la hora de pensar una mujer fuerte representada por otra mujer fuerte. Está bueno como regalo. Muchas veces he dicho que se me cerraron puertas laborales más allá de que la construcción social es más cruel en ese sentido. En el imaginario está el «lo hizo para». Es una carga, un peso. 

-¿Te pesa que te asocien tanto a la denuncia que hiciste?

-Estos días en España fueron fuertes porque me reconocían mucho por mi laburo. Hacía mucho que no me iba de la Argentina, por laburo y por la causa. Volver a encontrarme con esa dimensión en la que me reconocen por mi laburo y no por mi lucha fue lindo, necesario, interesante, liberador. Sigo siendo la actriz que fui siempre, más allá de que ahora, acá, inevitablemente con mi figura viene asociada una lucha. Me enorgullezco, no es que reniego: conviven las dos cosas.

La reanudación del juicio a Darthés

Fardin informó los últimos detalles de la causa contra Juan Darthés en una conferencia de prensa a mediados de julio en la sede de Amnistía Internacional. «Es un proceso que no veo la hora de que termine. Estoy cansada. Pero le voy a poner hasta las últimas consecuencias. No voy a soltar antes porque soy muy testaruda y porque siento la responsabilidad de que esto no tiene que ver solamente conmigo. Si esto solo tuviera que ver conmigo, habría bajado los brazos hace rato», expresa Thelma, con los ojos empañados. El acusado, que hizo todo lo posible para dilatar el proceso, tendrá que declarar el 20 de octubre. «Al fin. Parecía imposible. Es muy importante», dice la actriz. Hasta aquí el camino no ha sido «reparador», pero se esperanza con lo que pueda ocurrir en meses. «Veremos de qué manera hablan la Justicia y los Estados -que acá son tres: la Argentina, Nicaragua y Brasil- a las personas que sufrieron abuso sexual, que lamentablemente somos muchísimas.»

«Del lado de los sectores más reaccionarios y conservadores, cada vez más virulentos, hay un deseo muy grande de que frenemos», añade. Muchas veces resalta sus privilegios -como «ser blanca», tener «la panza llena», un micrófono, abogados de la «talla» de los que la representan- para encarar esta lucha. «Si tengo poder y peso específico, no es mío: es de todas nosotras, catalizado, puesto en una persona como representativa», define. Justo antes de que declare Darthés, ella participará de un congreso del Comité Internacional de Derechos Humanos. «Algo se construyó en mí que jamás imaginé. Siempre tuve necesidad de trabajar colectivamente, de darle valor a la construcción social y de hacer de lo personal algo importante, que genere un cambio positivo para los y las que vienen. Nunca imaginé esta dimensión tan amplia. Siento la responsabilidad de llegar bien, fuerte, bancarla. Hacer todo de la mejor manera posible», expresa.

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